Estimado caballero profano:
Nos es imaginable la ingente cantidad de información sobre nuestra querida Orden que puede haber en internet. Este no es un problema actual, puesto que ya en antaño, la masonería era conocida, perseguida e incluso temida. Hoy en día, con las herramientas digitales que contamos, la sociedad profana puede tener un acceso más directo a la información masónica. Tanto es así, que como habrás podido encontrar, la diversa información (veraz y real) se diluye en la ingente (des)información que existe.
No somos un club privado, no somos una asociación filantrópica, no somos una religión y, por supuesto, no somos una secta. Por incidir en esto último, este masón que te escribe esta carta se lo explicaron en su momento de la mejor manera posible y clarificador: “Las puertas de entrada de nuestros templos son muy pequeñas, en cambio las de salidas son enormes.” Justo al revés de una secta donde es muy fácil entrar, pero difícil salir.
Con esto te quiero decir, caballero, que solicitar el ingreso en la masonería supone de un proceso largo y exhaustivo. Primeramente para que usted pueda conocernos a nosotros y decidir, libremente, el querer entrar en la Orden. Pero por otro lado, también queremos nosotros conocer al candidato, para así saber que podemos contar con un obrero adecuado en nuestros talleres.
Sea reacio a ciertos impostores que intentarán aprovecharse de su curiosidad y le puedan pedir dinero para ingresar en nuestra Orden o se acerquen a usted para solicitar entrar. La masonería no hizo, hace, ni hará proselitismo, es decir, es usted caballero, quién libremente decidirá contactar con nosotros a través de nuestros canales para solicitar información/admisión.
Sea consciente que nuestra Orden está integrado por hombres libres y de buenas costumbres, que en su momento comenzaron un camino iniciático que a través de un Rito y el uso de diferentes símbolos, busca pulir su piedra bruta. Para que usted me entienda, en un lenguaje más profano: hombres que solo buscan ser más justos, perfectos y buenos para contribuir a la sociedad profana.
Me despido atentamente, caballero profano, reitero mi disposición de darle la información que pueda querer o de resolver las dudas que le puedan surgir sobre la Orden.
Gustosamente estaré aquí para ayudarle.
Solo comentarle, que en su día yo fui el caballero profano que llamó a las puertas de la Orden Masónica en general y de esta Respetable Logia en particular.
Atentamente.


